¿Qué es Oración?

Sabemos que la oración es importante.

* El Misterio que se cree, se vive y se celebra en una relación personal con Dios vivo. Esa relación con Dios es la oración.

* “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (san Juan Damasceno).

* La humildad es la base de la oración; es necesaria esta virtud para recibir gratuitamente el don de la oración.

* La oración es el encuentro de la sed del hombre y del manantial de Dios.

* Cualquiera que sea el lenguaje de la oración, el que ora es todo el hombre; sin embargo, tradicionalmente nos referimos al lugar donde brota esta oración como el alma o el corazón para indicar el lugar donde se forjan los afectos y desde donde se busca la cercanía con Dios.

* La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.

* La vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo.

* Todo ser humano busca a Dios; sin embargo es Dios quien primero se presenta y toma la iniciativa para acercarse a sus criaturas: el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a la oración, a este encuentro amoroso entre el Padre y sus Hijos.

Todo ser humano, aun sin saberlo, busca a Dios a lo largo de su vida y de sus acciones; sin embrago, es importante hacer notar que Dios se acerca primero al ser humano y lo invita a entablar una relación con él. Una relación que se concretiza en el diálogo de la oración.

Nos dice San Juan damasceno que la oración es “la elevación del alma a Dios o la petición de bienes convenientes”, con ello descubrimos que la oración parte o surge de nuestra vida espiritual y trata de alcanzar a Dios o pedirle aquello que anhelamos o deseamos.

Sin embrago, como parte de la iniciativa de Dios, es preciso reconocer que como criaturas no sabemos pedir lo que nos conviene y es necesario la presencia y la asistencia del Espíritu para acercarnos a Dios. Gracias a él, nuestra oración será un encuentro amoroso entre el Padre y sus hijos.

* La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación.

* San Lucas subraya la acción del Espíritu Santo y el sentido de la oración en el ministerio de Cristo. Jesús ora antes de los momentos decisivos de su misión. La oración de Jesús es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre.

* Con el hecho de su oración, Jesús nos enseña a orar. El camino teologal de nuestra oración es su propia oración al Padre: Jesús nos insistirá a lo largo del evangelio de algunas características que deberá tener nuestra oración: la reconciliación con el hermano antes de dejar nuestra ofrenda, el amor a los enemigos y la oración por los perseguidores, orar al Padre en lo secreto, no gastar muchas palabras, perdonar desde el fondo del corazón al orar, la pureza del corazón y la búsqueda del Reino.

Como cristianos sabemos que nuestro maestro en la oración es Jesús; él nos ha mostrado el camino para acercarnos al Padre; Jesús durante su vida acudió a la oración en los momentos de gozo, de dolor y aquellos que fueron cruciales para su vida en la tierra. Así también nosotros debemos acercarnos al Padre en todo momento.

Jesús nos insistirá a lo largo del evangelio en algunas características de nuestra oración: la reconciliación con el hermano, el amor a los enemigos, la petición por los perseguidores, orar en secreto, no gastar muchas palabras, perdonar desde el fondo del corazón, la pureza del corazón, la búsqueda del Reino, la confianza en el poder de la oración y la perseverancia.

Sin embargo, es importante que la oración verdadera busque, en la fe, disponer el corazón para hacer la voluntad del Padre; entrar en la comunión de amor con él.
Así pues, nuestra oración estará basada en la fe de aquel que confía en la presencia amorosa del Padre.

* Decidido el corazón a convertirse, aprende a orar en la fe; la cual es una adhesión filial a Dios.

* Jesús nos enseña y asegura la fuerza de la oración, en aquél que tiene fe. Sin embrago, la oración de la fe no consiste solamente en decir “señor, Señor”, sino en disponer el corazón para hacer la voluntad del Padre.

* En el Espíritu Santo, la oración cristiana es comunión de amor con el Padre, no solamente por medio de Cristo, sino también en él.

* Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia él.

* La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición. Es el comienzo de una oración justa y pura.

* La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda del Reino, que viene conforme a las enseñanzas de Jesús; a partir de la búsqueda del Reino y de buscar lo necesario para acogerlo vemos que toda necesidad es objeto de petición.

* La oración de intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre a favor de todos los hombres, de los pecadores en particular.

* Intercederá pedir a favor de otro es lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión el que ora busca no su propio interés sino el de los demás, hasta rogar por los que le hacen mal.

* La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es.

* Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de acción de gracias, la cual participando de la de Cristo, debe de llenar la vida entera.

* La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para él y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque El es...

* Mediante una transmisión viva el Espíritu Santo eje de la Iglesia enseña a orar a los hijos de Dios.

* La palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad son Fuentes de la oración.

* Los testigos que nos han precedido en el Reino, especialmente los que la Iglesia reconoce como “santos”, participan en la tradición viva de la oración, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración hoy. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Al entrar “en la alegría” de su Señor, han sido constituidos en lo mucho. Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

* La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. La vocal asocia al cuerpo a la oración interior del corazón; la meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo.

* La oración contemplativa es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.

Oraciones Especiales

Concédenos Señor, por medio de tu santo apóstol San Judas Tadeo, la gracia de dedicar nuestra vida, nuestras cualidades y nuestros esfuerzos a hacerte conocer y amar y, al final de nuestras vidas, lograr, como él, un puesto junto a Ti en el cielo.

Consagración a San Judas

San Judas, Apóstol de Cristo y Mártir glorioso, deseo honrarte con especial devoción. Te acojo como mi patrón y protector. Te encomiendo mi alma y mi cuerpo, todos mis intereses espirituales y temporales y asimismo los de mi familia. Te consagro mi mente para que en todo proceda a la luz de la fe; mi corazón para que lo guardes puro y lleno de amor a Jesús y María; mi voluntad para que, como la tuya, esté siempre unida a la voluntad de Dios.

Te suplico me ayudes a dominar mis malas inclinaciones y tentaciones evitando todas las ocasiones de pecado. Obtenme la gracia de no ofender a Dios jamás, de cumplir fielmente con todas las obligaciones de mi estado de vida y practicar las virtudes necesarias para salvarme.

Ruega por mi Santo Patrón y auxilio mío, para que, inspirado con tu ejemplo y asistido por tu intercesión, pueda llevar una vida santa, tener una muerte dichosa y alcanzar la gloria del Cielo donde se ama y da gracias a Dios eternamente.
Amén.

Oración final

¡OH Dios! Tú diste a conocer tu nombre
por medio de los Apóstoles,
por intercesión de San Judas,
haz que tu Iglesia continúe fortaleciéndose
y aumente el número de sus fieles.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén.